Fibra en frutos secos: cuáles aportan más y por qué importa

Fibra en frutos secos: cuáles aportan más y por qué importa

Cuando se habla de frutos secos casi siempre se habla de sus grasas saludables o de su proteína, pero hay un nutriente que pasa más desapercibido y que, en realidad, es uno de los motivos por los que un puñado de almendras o pistachos sacia tanto: la fibra. En nutnut creemos que merece un artículo propio, porque no toda la fibra es igual y no todos los frutos secos la aportan en la misma cantidad.


España tiene, de hecho, un problema conocido con este nutriente: la mayoría de la población no llega a la ingesta recomendada de fibra, y los frutos secos son una de las formas más sencillas de acercarse a esa cifra sin cambiar de forma radical la dieta. Ya hemos hablado de otros nutrientes menos conocidos de los frutos secos, como la leucina o la vitamina E, y la fibra merece el mismo nivel de atención.


Vayamos por partes: qué es exactamente, qué tipos existen y, sobre todo, qué frutos secos deberías priorizar si quieres subir tu ingesta diaria.

Qué es la fibra y por qué el cuerpo la necesita

La fibra es la parte de los alimentos vegetales que el sistema digestivo humano no puede descomponer del todo. A diferencia de otros carbohidratos, no se absorbe como fuente de energía, pero cumple funciones que ningún otro nutriente sustituye: regula el tránsito intestinal, alimenta a la microbiota y modula la velocidad a la que se absorben la glucosa y las grasas de una comida.


Existen dos grandes tipos. La fibra insoluble, mayoritaria en los frutos secos, no se disuelve en agua y añade volumen a las heces, favoreciendo un tránsito intestinal regular. La fibra soluble, presente en menor proporción pero igualmente relevante, forma un gel al contacto con el agua que ralentiza la digestión y ayuda a controlar tanto el colesterol como el azúcar en sangre. Los frutos secos, en conjunto, aportan una combinación de ambas, algo que pocos alimentos consiguen de forma tan natural.


La ingesta de referencia para un adulto se sitúa entre 25 y 30 gramos diarios, según las recomendaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). La mayoría de la población española se queda por debajo de esa cifra, lo que convierte a los frutos secos en un aliado práctico para acercarse al objetivo sin depender solo de frutas y verduras.

Por qué importa la fibra de los frutos secos

Saciedad y control del apetito

La fibra ralentiza el vaciado gástrico y contribuye a la sensación de saciedad, lo que explica en parte por qué un puñado de frutos secos como snack quita el hambre de forma más duradera que otros tentempiés con calorías similares. Esta es una de las razones por las que los frutos secos, pese a ser densos en calorías, se asocian de forma consistente con un mejor control del peso a largo plazo cuando se consumen en las raciones adecuadas.

Salud digestiva y microbiota

La fibra insoluble actúa como sustrato para las bacterias beneficiosas del intestino, que la fermentan y producen ácidos grasos de cadena corta con un papel protector sobre la mucosa intestinal. Una dieta pobre en fibra está detrás de buena parte de los problemas de tránsito intestinal más comunes, y los frutos secos, consumidos con regularidad, son una forma sencilla de revertir esa carencia.

Regulación del colesterol y la glucosa

La fracción soluble de la fibra se une a los ácidos biliares en el intestino, lo que obliga al hígado a producir más a partir del colesterol circulante, contribuyendo así a reducir el colesterol LDL. Del mismo modo, retrasa la absorción de los azúcares de una comida, suavizando los picos de glucosa en sangre que se producen después de comer.

Salud cardiovascular a largo plazo

La combinación de fibra, grasas insaturadas y fitoesteroles presentes en los frutos secos es una de las razones por las que su consumo regular se asocia con un menor riesgo cardiovascular en estudios poblacionales a largo plazo, más allá del efecto de cualquiera de estos componentes por separado.

Fibra en frutos secos: ranking de mayor a menor contenido

El siguiente ranking muestra los gramos de fibra por cada 100 gramos de fruto seco. Como en el resto de nutrientes, los valores son aproximados y varían según la variedad y si se consumen con piel o sin ella.

1. Almendras: ~12 g/100 g

Las almendras encabezan el ranking de fibra con claridad, y buena parte de ese aporte se concentra en su piel, lo que refuerza la idea de consumirlas sin pelar siempre que sea posible.

2. Pistachos: ~10 g/100 g

Los pistachos aportan una cantidad de fibra muy similar a la de las avellanas, reforzando su perfil como uno de los frutos secos nutricionalmente más completos de todo nuestro catálogo.

3. Avellanas: ~10 g/100 g

Las avellanas se sitúan prácticamente a la par de los pistachos, sumando además su conocida riqueza en vitamina E y folato.

4. Cacahuetes: ~8,5 g/100 g

Aunque botánicamente son legumbres, los cacahuetes aportan una cantidad de fibra muy respetable, coherente con su perfil nutricional de alto rendimiento.

5. Nuez de Brasil: ~8 g/100 g

La nuez de Brasil combina un buen aporte de fibra con su extraordinario contenido en selenio, un binomio poco habitual entre los frutos secos.

6. Macadamia: ~8 g/100 g

La macadamia iguala a la nuez de Brasil en fibra, un dato que sorprende dado su perfil, más centrado en las grasas monoinsaturadas que en otros macronutrientes.

7. Nueces: ~7 g/100 g

Las nueces suman fibra a su ya conocido perfil de omega-3 vegetal, una combinación interesante para la salud cardiovascular.

8. Piñones: ~4 g/100 g

Los piñones se sitúan en la parte baja del ranking en cuanto a fibra, aunque siguen siendo un ingrediente versátil y habitual en la cocina mediterránea.

9. Anacardos: ~3 g/100 g

Los anacardos son los que menos fibra aportan del grupo, coherente con su menor proporción de cáscara fibrosa interna, aunque compensan con su textura cremosa y su buen perfil mineral.

Cómo aprovechar mejor la fibra de los frutos secos

Para sacarle el máximo partido a la fibra de los frutos secos, hay dos ideas prácticas que marcan la diferencia: mantener la piel siempre que sea posible y aumentar la ingesta de forma progresiva.


Desayuno: almendras enteras con piel sobre yogur o avena, otra fuente de fibra que se suma a la del fruto seco.


Snack de media mañana: pistachos o avellanas, fáciles de transportar y con un aporte de fibra notable para tratarse de un snack.


Comida: cacahuetes o nueces troceados sobre una ensalada de legumbres, que ya de por sí es otra fuente importante de fibra.


Cena ligera: nuez de Brasil o macadamia picada sobre una crema de verduras, sumando fibra sin apenas notarlo en el plato.


Un último apunte importante: si tu dieta actual es baja en fibra, incorpora los frutos secos de forma progresiva y acompañados de suficiente agua, porque un aumento brusco puede generar molestias digestivas temporales. En nutnut tostamos cada variedad de forma artesanal y sin aceites añadidos, un proceso que no reduce el contenido de fibra del fruto seco, así que puedes incorporarlos a tu rutina sabiendo que ese aporte llega intacto a tu plato.

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